Yo de quince años ni senos echaba, chiquita, chaparrita, y yo en esos mulares a jalar caña, cargar maíz, cargar plátano

Entrevistador: Cuéntenos, usted me hacía remembranza que su papá tenía animales, ¿usted ayudaba?

Ondina Farías: Nosotros como hombres, porque las mujeres fuimos las tres mayores adelante, nosotros íbamos a coger cacao, a coger café, a andar con las vacas, a coger los caballos, a mí me llevaban, era una chiquita raquítica, de quince años estaba chiquitica, me ojearon a mí, decía mi mamá, yo de quince años ni senos echaba, chiquita, chaparrita, y yo en esos mulares a jalar caña, cargar maíz, cargar plátano, era un placer andar en los caballos, y en la casa de todo, a coger un caballo, a coger un chancho, a ver los pollos, a cuidar los negros para sembrar el maíz, de madrugada salir hacer desmonte hasta casi a la oración, llegar a la casa vuelta.

 

Nosotros cocinábamos en tierra, mi papá nos hacia un hueco en la tierra, nos ponía un palo fino, dos horquetas allá y acá en el palo, metíamos la olla y atizábamos la candela

Entrevistador: ¿Y los que cuidaban los negros?

Ondina Farías: No había varón, éramos nosotras, porque el varón era el más chiquito, era el cuarto, entonces las tres mujeres, nosotros teníamos que hacer todo, dejar comida para todo ese gentío, a cocinar, vea que nosotros cocinábamos en tierra, mi papá nos hacia un hueco en la tierra, nos ponía un palo fino dos horquetas allá y acá en el palo, metíamos la olla y atizábamos la candela, y así cocinábamos, él trabajando por ahí cerca; ahora para bajar las ollas teníamos que llamarlo porque nosotros con Bertha chiquita no podíamos, pero lo ayudamos a mi papá haciendo todo, y después de esa cocina a trabajar, a apañar café, a hacer todo, ayudar a lo que estaban haciendo, a los que estaban cogiendo café, a coger café, a desgranar maíz, a hacer todo.

Entrevistador: ¿Era todo el día una actividad?

Ondina Farías: Una jornada, nosotros llegábamos a la casa a bañarnos y a dormir, entonces no usábamos radio, no es como ahora que cada quien en este tiempo la pareja tiene solo dos hijos, no quiere más, pero para esos dos hijos quiere dos cuartos, un televisor para cada uno y para todos; a veces comían quince, veinte, veinticinco trabajadores entre todos, mi mamá nos enseñó que llegaba una persona, mi mamá decía: ya llegó fulano, hay que darles a ustedes poquito, en una hoja nos ponía mi mamá comida y ahí comíamos y no peleábamos, ahora que va a creer que los de ahora, el papá tiene dos cuartos, dos hijos, es para cada hijo una cosa, y si le dan a otro se ponen bravos, ahorita no es igual que antes, nosotros dormíamos todos en un petate y nunca peleamos, y éramos todos y todavía somos unidos.

Entrevistador: Ujum ¿se ha perdido el respeto no?

Ondina Farías:  Se ha perdido el respeto, las tradiciones de antes ya no valen, eso quedó en el olvido, debería recalcarse eso a la niñez de ahora, antes llegaban a mi casa seis mayores de edad, señores viejitos, esos señores en la casa de mi papá ocupaban cada uno un puesto para dormir, y esos señores comían con mi papá en la mesa; había unos mayorcitos que llegaban donde mi mamá para hacerle algo, pero mi mamá con cariño, que el queso, que la leche, venga, tome café. Ya se iban ellos a su casa mi papá cogía un mular, un trabajador, córtele plátano, mujer, queso, arroz, azúcar, lo que pudiera, dele al señor, vaya, déjelo a la casa, mire, los que fueran. Todos llevaban, llegaban a la casa sin nada, se iban llenos, pero esos mayorcitos a nosotros nos adoraban, nosotros ¡qué respeto para ellos!, ahora sí ahora días estuve en el colegio a dejar a mi nieta que tengo, pasaron unas alumnas casi arrasando, y digo: ¡qué vergüenza!, nadie necesita para vivir un saludo, pero están en un colegio, están instruyéndose, pues digo: ¿será que no les enseñan a saludar?, el saludo no se le niega a nadie; nosotros acá si podíamos teníamos a nuestro viejito, qué vamos a decir una mala palabra delante de un anciano, era el respeto para esos señores.

Entrevistador: ¿Tampoco les permitían a los niños estar en esas conversaciones de los mayores?

Ondina Farías: Que va, el niño aparte, el niño si lo llamaban tenía que estar acá, mi mamá no estudió, nunca salió a la ciudad, pero a nosotros nos enseñó valores, yo a los niños yo digo: madre linda para mí, no hay otra madre más linda que la mía, cosas que nos enseñó: mi hijita, esto, el otro, aprenda hacer esto, el otro, a ser ahorrativa, hasta en la cocina, que va creer, mi mamá al disimulo por acá nos llamaba: no mi hijito, eso no se hace, esto es feo, ella no salió a la ciudad a educarse, pero son cosas natas que ellos aprendían, quizá porque las veían o porque eran gente que tenían otra manera de vivir; ahora en media mesa te avientan el plato y lo botan: no quiero eso, yo quiero mi presa, a mí me gusta una presa grande; antes no, mire que en la casa llegaba harta gente, mi mamá mataba cuatro, tres gallinas, no alcanzaba, ella decía: ¿cómo alcanzar?, de una pata de gallina ponían en una bandeja, mi hijito, cómase un dedito, y nosotros nunca chistábamos, que no, ay que mi presa, mi hijito cómase ahorita esa, que el día que estemos solito mato una gallina y le doy una presa, y así era, ese día que no había gente, a veces llegaban los compadres, porque no faltaban, a mi casa llegaba harta gente, eran compadres, así estábamos comiendo, a mí mi mamá me ponía una presa buena, cuando ya: ahí viene fulano, cuando yo le pego una mordida a la presa porque mi mamá decía: ahí viene fulano, le digo: pero mamá, es que usted no me la devuelve, entonces me decían: que ¿por qué yo era así? porque yo decía: ya llegó fulano y porque me quitan mi presa. 

Entrevistador: Le quitan le quitan.

Ondina Farías: Mi hermana Bertha me pellizcaba, ella diferente en todo, ella cuando yo hacía algo, ella lloraba, éramos tan unidas con ella pues, con mi hermana Bertha fuimos las dos primeras, de un huevo comíamos las dos, era delgadita como yo, si ella no tenía un vestido nuevo para irse a una fiesta yo le digo: ponte el mío, pero ahora ¿usted cree que entre hermana se prestan?, no, tú me lo ensucias todo, los zapatos, todo, todo, todo, hasta cuando ella estuvo en Manta vivía allá y se queda en Manta, yo acá vivía ahí en la casa, yo iba matado una gallina, iba con una tarrina de comida para ella, yo llegaba, ella dice: ¿qué me trajiste porque no he comido?, le digo yo: nada, ¿ay pero qué me trajiste?, ya lo sabes, ay mentirosa, sí me trajiste porque la presa de ella era la molleja, yo ya le llevaba, y era contentísima, el día que murió no la vi.

 

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