Úrsula Vásquez – El Palmar

Nadie metía mano como ahora

Mi mamá ponía dos platos de salprieta, dos platos de queso o dos platos de panes o de lo que fuere, de camote, de todo, pero nadie metía mano como ahora, tenía que mi mamá decir: cada uno coja su pedacito, así hubiera bastante eso hacíamos, nadie hablaba una palabra mientras comíamos porque mi papá decía esta palabra: “cuando uno está en la mesa, es como que está en la iglesia”, ya está comiendo quedito, esa fue la costumbre de nosotros.

Si llegaba una persona, usted no se asomaba dónde estaba la visita

Si llegaba una persona usted no se asomaba dónde estaba la visita, usted estaba haciendo todito por allá, y que no escuchara ni papá ni mamá que nosotros estábamos riéndonos, conversando, ya que ellos escucharan acá la visita, porque se iba la visita, a toditos nos pegaban con un boyero.

Él nunca se bañó delante de mí

Él nunca se bañó delante de mí, él tenía que estar su cortina de baño bien tapadito y enllavadito por dentro, así era, era muy discreto, eso sí.

Dele a su niño cuatro partes de esa oca y désela con una agüita de hierbitas

Usted le daba su sobrecito de un polvito que había, su niño se le curaba, si no le daba, entonces venían las ocas, ¿usted se acuerdan de la oca, señora Diana? Eran dos ocas que venían en un sobrecito, vea usted dele a su niño cuatro partes de esa oca y désela con una agüita de hierbitas, con eso era basta.

Soy diabética, ahí yo cojo un litro de agua lo pongo a hervir, lavo cuatro, cinco hojitas de guayaba y las meto en mi jarra

Yo soy diabética, ahí yo cojo un litro de agua lo pongo a hervir, lavo cuatro, cinco hojitas de guayaba y las meto en mi jarra, y de eso estoy tomando agüita como si yo estuviera tomando agua de un bote, es el agua que yo tomo, una agüita de guayaba, una agüita de guanábano, de todas esas cosas, ya, eso es para uno diabético.

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