Smeling jaló una rama de palma y sale una culebra enorme

FRySSI,TEM,233 - Aclis Dioselina Moncayo Gutiérrez - San Isidro

Hija de la sra Aclis: Nunca hubo niñez, nada.

Aclis: Para nosotros, no hubo niñez, con la Briseida nos íbamos a recoger palos en la montaña, en los burros alzamos esa palma. ¡Ay, Dios mío! Llegábamos a las 6 de la tarde, llevábamos comida en una hoja de verde a la montaña.  Yo veía que a veces ese palo se caía, mi padre iba, pero no recogía, él se iba a coger pájaros para llevar a la casa, él no quedaba ahí. ¡Diosito lindo! Una vez me recuerdo que mi compadre Smeling jaló una rama de palma y sale una culebra enorme. Nosotros gritábamos, nos juntamos, éramos: Walter, la Briseida, mi compadre Smeling y yo. Nos hicimos, abrazamos, gritamos durísimo: “Llama a mi papá”, decíamos “Si nos muerde a uno, nos muerde a todos”. Y ahí, vino mi papá bravísimo, pero mi papá es como una culebra, ahí como que reaccionó. 

Ya la fue a ver, estaba arrodillado, una enorme culebra, ahí la mató con la escopeta. Sin zapatos, sin botas llegamos a las 4-5 de la tarde a bañarnos en agua heladita en ese burro. Ah, llegué a bañarme, llegué a dar de comer al puerco, al perro, mi madre hacía dulces, hacía ollas y las ollas pues estaban ahí, porque antes si era olla de barro, cazuela de barro para comer. En cambio, Brisi y la Cleo, ahí sí ya fue otra niñez porque ahí se vinieron al pueblo y él fue cambiando; pero la niñez fue así, y gracias a Dios digo siempre, mi esposo fue un excelente hombre que ahí cambié yo, porque ya no había nadie que me maltrataba, nadie me alzó la mano porque eso sí que tenía mi padre.

Entrevistador 1 :¿Pegaba?

Aclis: Sí, claro. Mi papá no nos dejaba pasar ni uno.

Entrevistador 1: ¿Cómo?

Aclis: No, nos dejaba, si le castigaba a uno, era a toditos y nos cogió con ese cabo bollero y nos apretaba el cuello, sí.

Hija de la Sra Aclis: Pero también hacía travesuras.

Entrevistador 1: A ver, ¿qué travesuras hacía?

Hija de la Sra Aclis: Le echaron al agua cuando había pescado, cuéntele.

Aclis: Sí mire, una vez se fue mi mamá donde mi abuela y nos dejó acá en la casa, no era muy lejos. Cuando bajaban en esas quebradas unos pescaditos, nos fuimos a coger los pescados, pero los otros no querían ir. Me fui yo. Cuando bueno, ya llegué, ya subí, cuando ya teníamos descamados esos pescaditos, para cocinarlos, llega mi madre: “Aclis, Aclis” y, cuando dice: ¿Qué has hecho? ¿Cómo te has mojado? Ahí bañé a todos los muchachos, antes decían que el que se bañaba se hacía pescado, yo digo: que yo no quería ser yo sola pescado, sino que todos pescado. Entonces mi mamá dijo: “bueno, llega el sábado”, porque ahí no nos castigaban pues, los viernes santos, en la semana santa no, pues, el día sábado, de las 11 para adelante, nos cobraba. ¡Ay, mamita! Bueno, yo dije: “se olvidó mi mamá” y cualquier ratito me dice: “pisa, pero no resbales, porque ahí te caigo”. Bueno, no sé qué hice porque mi contento era hacer llorar a mis hermanos. Mi papá me decía que en eso era buenísima. Sí, yo le escondía el sombrero, por eso lloraba.

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