Mi madre fue maltratada demasiado

Entrevistador 1: Y ¿cómo era la mamá Zoila

Aclis: Oiga, mi madre era una mujer que le soportó a mi padre. ¡Cuántas cosas! Mi mamá llegaba, él era enamorado, convive con una Socorro Alfoz, que vivía allá al frente por él. Cada vez que llegaba borracho y llevaba comida de acá para no comer allá, botaba las cosas, no nos llevaba de comer, mi madre tenía que lavar un montón de ropa para que nos alcanzara y comprar el arrocito o lo que fuera para la comida. Mi madre hacía ollas para vender, para mantenernos a nosotros, dulces, sí, mi madre sufrió. Una vez llegó borracho, iba con una hacha a tumbar la casa. Nosotros nos botamos por detrás, cuando yo le dije a mi mamá: “¡Mamá ya vaya! Dejémoslo botado”. Yo me quería salir con mis hermanos y nos vamos a otra casa y dijo: “No mi hija”, dice, “no eso no puede hacer, no”. Y cuando hubo ya un tiempo, yo dije: “madre”, “ya no mi hija” dice, “un día se va a componer él” dice, “Dios nos pone a prueba”. Bueno, pasaron ese tiempo. Otro día borracho, llegó que se iba a envenenar y mi madre nunca protestaba, nada, nada. Mi madre empezó a protestar cuando vino a San isidro, ella se vino, acá ya no se dejó pegar, ya no. Ya se le plantó y le dijo: “Ya, hasta hoy, es que Marconi, tú me vas a maltratar, yo te voy a denunciar”. Y estaban mis hermanas, la Cleo y la Brisi, ya mujeres grandes, ya estaban aquí y ya le hablaron, sí. Pero con nosotros nadie podía protestar nada, ¡Uy! Nos daba palo. Cuando ahí le dijo que lleva un veneno y dijo que iba a tomar, mi mamá lloraba decía: “¡Ay mi hija!”, cuando yo le digo “¡Ay mamá!” y digo… Dios que me perdone, pues porque eso era un pecado. Yo dije: mamá: ¡Déjelo ya!, si se muere que se muera, ya! Entonces mi madre me dijo: “Ay mi hija, si se muere tu padre yo me voy a la cárcel, ¿y ustedes? ¿Con quién se quedan?” Sí, así me dijo mi madre. Cuando ya a los días se fue, el otro día amaneció y se fue, ahí se vino para acá, cuando le dijo: “Ya llego, de unos tres días” y enseguida le dijo: “Quiero un caldo de gallina”. Mi madre, le digo mamá le dijo: “Ya usted demasiado con mi papá”, “No mi hija”, dice, “Dios nos pone a prueba, y uno tiene que perdonar porque Dios perdonó que somos pecadores, él perdonó para enseñarnos a nosotros”.

 

Entrevistador 1: Y ¿él maltrataba a mamá?

Aclis: Sí, sí. Usted a veces le veía negra la cara, con trompón, al menos cuando estaba borracho. Sí, mi madre fue maltratada demasiado, cada vez que él iba borracho.

Entrevistador 1: ¿En cambio su mamá tenía carácter?

Aclis: Mi madre era una sepultura. Sí, mi padre ayudaba. Mi padre si le pedían un favor, él lo hacía, él daba por todos, porque él, mire, el mordido de culebra él curaba, él sacaba muelas, él hacía machetes, él hacía peinillas, él curaba un remedio de un enfermo que lo buscaba.

Entrevistador 1: No lo hacía por interés.

Aclis: No, no por interés. Él tenía sus plantas y de eso aprendimos nosotros, en que yo tengo remedio y un vecino está enfermo lo noto. Sí servicial, sí fue mi padre.

Entrevistador 1: Eh, colaborador.

Aclis: Sí. Mire, cuando nosotros estábamos pequeños, usted no podía llorar, si un niño lloraba teníamos que coger y volar, él no quería escuchar llanto de niño nunca.  Y una vez cuando tuve yo mi primer hijo fui, cuando de noche, sale llorando el Peter que es el mayor, y era que le dolía un oidito. Yo cogí mi hijo y me bajé abajo y Gonzalo me siguió, abajo estábamos, un granerito así porque el niño lloraba desesperado por el dolor de oído; cuando yo mi papá y dice: ¿y ese llanto? dijo mi mamá: “es Acli, que está allá porque el niño está llorando”, ella sabe que tú no permites el llanto. Cuando él cogió se levantó y se fue a tantearme en donde estaba, lo subió, y entonces ella me dijo: “Tonta”. Y yo hasta ahí a mi padre yo no lo quería, yo no lo quería

Entrevistador 1: ¿Usted no lo quería?

Aclis: No, no lo quería y digo: “Perdóname Dios”, era por ese sentimiento que yo tenía por lo que fue con nosotros.

Entrevistador 1: ¿Y luego lo llegó a querer?

Aclis: Cuando ya tuve mi hijo, ya se subió y me dice “Flaca”, dice: “Ya cambia el tiempo”. Y lo llegué a querer tanto, padre, que yo venía de allá, con su comida para él y mi madre. Ella me tuvo a mis hijos, porque ahí estudiaron mis hijos, mi madre los tenía. Sí, y lo llegué a querer mucho, mucho, mucho y él hasta cuando nosotros íbamos a las camaroneras porque allá trabajó un tiempo, y yo de ahí su jaidita sacadita y él decía: “A la flaca, que ya sabe lo que a mí me gusta”. Ya cuando llegaba yo, decía: “Mi hija ¿qué me trajo?”.

Entrevistador 1: ¿Y él cambió, él había cambiado?

Aclis: mi papá cambió, y ahí ya lo llegué a querer.

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