Experiencia personal Juan Carlos Pinedo Ibáñez

Soñando… con los pies bien afincados en el suelo

Soy Juan Carlos Pinedo, sacerdote en este momento en el Casco Histórico de Vitoria-Gasteiz. Durante 20 años fui misionero del Grupo Misionero Vasco en Ecuador y durante los años 1987 a 1990 fui parte del equipo pastoral de San Isidro. Siempre he amado esa linda tierra y me siento muy agradecido por la acogida que allí recibí.

Me tocó recorrer muchas veces a pie los caminos de San Isidro con miembros de las comunidades de base y supe apreciar los valores profundos de ese pueblo. Visitar, comer, charlar, tumbarnos en la hamaca, orar con ese pueblo nos ha hecho mejores: fuimos a evangelizar y estamos siendo evangelizados por los valores de ese pueblo. La Sra. Enriqueta Salvatierra nos transmitió su amor al pueblo manaba y a sus raíces.

 

Árbitro de futbol y buscador de paz

Siempre me gustó ser árbitro de fútbol y pité muchos partidos en los campeonatos de San Isidro: quedan muchos amigos de esos tiempos. Y hoy también pienso que hacen falta siempre mediadores, necesitamos de personas que busquen la paz, que ayuden a superar los conflictos que surgen inevitables en la convivencia. Reconciliación, acercamiento y perdón son pilares claves de nuestra fe. Esos partidos de fútbol en el Estadio del Colegio regresan a mi memoria y me llenan de alegría.

Por medio del mismo Juan Ramón Etxebarría supe que él regresaba a Ecuador por largo tiempo y escuché su proyecto de apoyar una nueva valoración de la cultura montubia. Me dio envidia y, desde el principio, pensé en apoyar este proyecto en la medida en que la distancia lo permitiera.

 

Me identifico con los valores de Raíces y Sueños

Durante los años que lleva en marcha Raíces y Sueños, he viajado dos veces al Ecuador y he podido conocer y valorar los avances que el proyecto y la Fundación Raíces y Sueños de San Isidro iban teniendo. Los he sentido como algo propio, como algo muy mío también.

Durante mis breves estancias en estos años, me ha alegrado mucho ver que niños, jóvenes y adultos se implican en los talleres, en la Fundación, en las entrañas de este proyecto. Todos somos necesarios para llevar adelante este rescate de la cultura montubia.

Yo pienso que el proyecto Raíces y Sueños está contribuyendo a valorar la cultura montubia, a que niños, jóvenes y adultos se empoderen y sientan como propia esa cultura. Me ha agradado mucho ver que los caminos de este proyecto caminan a la par con una fe profunda, empalman con lo que son las comunidades eclesiales de base y parten de una lectura de la Palabra de Dios y una reflexión compartidas. Raíces y Sueños empalma con lo que fue nuestra vida misionera en Manabí y le da una dimensión de inculturación, de enraizarse en la cultura popular.

 

Apoyando a Raíces y Sueños desde la tierra vasca

Pienso que, desde aquí, desde nuestra tierra vasca, podemos seguir apoyando de forma eficaz a Raíces y Sueños; yo estoy dispuesto a hacerlo, socializando sus comunicaciones, entrando en contacto con las instituciones, haciendo que nuestro mundo eclesial siga apoyando con decisión este proyecto. Estoy dispuesto a seguir dando mi tiempo y mi entusiasmo a este proyecto.

Adelante con el trabajo en San Isidro, porque desde aquí seguiremos muy atentos su caminar y lo apoyaremos en lo que ustedes nos indiquen. Y espero poder seguir visitándoles para trasladarles nuestro apoyo y cercanía.