Constancia Pazmiño – La Providencia

¿Para qué celan a una mujer?

Entonces era como más tonta la gente, humilde, porque ya ahora me parece yo ya no me dejo, al ser una joven, yo no. Yo, me da un garrotazo, yo cojo un machete y también le doy, si me lo puedo ganar, yo me lo gano.

Yo al hombro me encajaba un tallo de guineo, aquí a la espalda amarrado con una vena y más encima otro.

Si se ofrecía estar en este velorio dando de comer y tanta cosa, y allá se murió otro, vaya corra para allá, unos nidos de culebra, vaya corra, asista allá.

Estaban pichones, se jumaban entonces, a mí me gustaba cuidarlos, si cargaban plata yo no los dejaba bajar, primeramente me van a entregar el dinero que cargan para alzarlo, porque los sabidos son avivatos y después ellos se quedan dormidos por ahí, y luego dirán: la dueña de casa les robó, no.

 

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