Ángela Bravo – Rio Mariano

A mi fue a la nica que no me enseñaron a leer

No sé si todavía tendré marcas en el espinazo, a mí me tendían en un banco, ahí me pegaban con esos cueros de vaca, los ponían con suero amarillo, sebo, con eso le arrancaban a usted el pedazo.

Ya llegaba la gente y yo bajaba a verles los perros, por esta escalera subían ellos y por acá subía yo, porque dice el refrán: había dos escaleras, uno para subir uno, y otra para subir los otros.

Me daban con un sope, con un palo en la cabeza, ahí me dejaban atormentada con el dolor, yo sí lloraba. Una vez me rompieron la cabeza por la parte de atrás, ahí se asustaron porque vieron que me quedé doblada.

A mí fue la única que no me enseñaron a leer porque yo no tenía el tiempo. Yo era para hilar algodón, para pelar la higuerilla en cáscara blanca esa, de ahí pelarle la otra cáscara, pelar el piñón, sacarle esa cáscara y pelarlo para qué, para sacar el jabón niña. Para sacar el jabón prieto, jabón de lejía, ahora coger ese algodón y desmotar todo ese algodón, una libra de algodón, hasta las 12 uno estaba ahí.

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