Historia de Marujita Mejía

Indiscutiblemente, una mujer especial fue mi madre, ella marcó mi vida desde el primer instante que vine al mundo. Porque ella, con su infinito amor me nutrió, alimentó mis días de gozo, siempre me cobijó con su dulzura y amor de madre.

De mamá guardo los mejores momentos de mi infancia, en las tardes junto con mis hermanos disfruté escuchando cuentos, nos arrullaba con sus canciones, nos enseñaba poemas y rimas, escuchábamos también con ella las telenovelas que en ese tiempo se trasmitían por radio.

Cuando yo debía empezar mi ciclo escolar, tuve que dejar la casa y trasladarme con mis abuelitos, esto fue porque, donde vivíamos, había una escuelita unidocente, donde el profesor faltaba mucho y mis padres consideraron que allí se aprendía muy poco. Desde ese momento a mi casa volví solamente en vacaciones, pero mi corazón siempre estaba ahí, esas vacaciones eran tan esperadas. Y así transcurrió, hasta que ingresé a la universidad. Luego de eso ya formé mi familia, seguí visitándoles siempre en las vacaciones. Nunca dejé el seno materno, siempre me sentí ligada a él.

Mamá fue ese ser muy especial, ella con su humildad y su generosidad supo entregar lo mejor de sí, no solo a su familia sino también a la comunidad, siempre estuvo presta a colaborar en actividades como la edificación de la capilla y del cementerio, siempre acogía al caminante con mucho cariño.

Aprendí de ella muchos valores que hasta hoy están arraigados en mí, fue una bendición del cielo tenerla.

Por su hija: Yenni Moncayo

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