Había un duende decían

El agua se la bendecía para echar a las casas, de allá de esos montes de arriba vienen a pedírmela unos muchachos moros, había un duende decían, de allá vinieron a pedirme agua bendita. Les digo: “ustedes viven ahí, no están tan lejos de aquí, el padre viene a hacer la misa, traen un poco y hacen bendecir.

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