Estaban pichones, se jumaban entonces, a mí me gustaba cuidarlos, si cargaban plata yo no los dejaba bajar

(FRySSI,TEM,105) -Constancia Pazmiño - La Providencia

Entrevistador 1: ¿Y dónde aprendió todo eso usted, ese respecto de dónde viene?

Constancia Pazmiño: Y es que el respeto lo tiene uno, no es que lo va aprender ni nadie se lo va a enseñar, sino que uno con ese respeto, dicen que yo soy idiota, no. Es que a mí no me gusta que nadie me ande tocando, ni que un borracho ande con cosas, no. Por eso yo tenía una silla, en mi silla me sentaba y: “Señora Pazmiño, una caja de cerveza”, servida. “Cigarrillo”, servido. Harta gente que en otras partes habitan ahora, y ellos me hacen acuerdo, la semana pasada no más estuvo uno que le decían el chiquito, él se acuerda, se acordaba y me dice: 

“Señora, cuando bailábamos en su casa que bailaban y comían” pero con respeto. Estos Burgos de aquí estaban pichones, se jumaban entonces, a mí me gustaba cuidarlos, si cargaban plata yo no los dejaba bajar, primeramente me van a entregar el dinero que cargan para alzarlo, porque los sabidos son avivatos y después ellos se quedan dormidos por ahí, y luego dirán: la dueña de casa les robó, no. Un señor de San Jacinto, una vez estaba tomando en la casa, estaban jumo, y unos avivatos de por aquí son, había un velorio… que entonces no estaban ahí sino en otro lado pero por ahí cerca y esos avivatos que: “Vamos” dice al compadre Feligato, y cargaba buen dinero. “El compadre Feli no sale a ningún lado, ya se va a reposar, ustedes lo que quieren es sacarlo para robarle la plata que carga y si se va, me dejan ese dinero contado aquí ante todos, yo me hago cargo del dinero, usted se va sin nada. Si quiere una botella de puro, una de whisky, lo lleva usted pero plata no me lleva”. Y dijeron que no, porque ¿para que entonces lo iban a llevar sin plata?, no. Vaya coja la toalla, vaya báñese y me desocupan, se despiden ya ustedes. Vayan ustedes a su baile allá donde don fulano que se van a bailar, pero su fulano de acá no va. Y ahí cogió se fue a bañar, y los demás se fueron, no lo trajeron. Él cargaba como 600 no era demasiado, pero cargaba plata y ellos no lo hacían por traerlo de acompañante sino por robarle la plata, no ve que ya estaba bastante jumo, aseguraban su buen trago y por ahí lo dejaban botado en los caminos. A mí no, yo no quería que al otro día fueran: “Señora, yo cargaba plata y mi plata me la han sacado, quién me la ha robado, quien me la sacó”, no, yo por eso me daba cuenta el que cargaba dinero me va entregando la plata. Si se va me deja la plata porque más allá se queda dormido, se va y se la roban y después va a decir que es aquí que se ha perdido. Yo sí, todo el tiempo que ahí están esos muchachos que lo pueden decir mejor, que no lo diga yo después van a decir que es que me alabo, pero ahí están.

 

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