LEONARDO VERA VITERI

Me llamo Leonardo, nací en 1967, en uno de los rincones más apartados de mi querido Manabí, en un lugar llamado Culimbe, hoy apodado 5 de Junio; en el seno de una familia campesina pero lectora, una combinación muy rara para esos entonces e inclusive en la actualidad.

En mi infancia tuve la fortuna de tener mucho tiempo libre para correr en el campo, nadar en los ríos (que hoy son simplemente riachuelos), conocer el arte de sembrar y cosechar, criar animales y aprender los ciclos de la naturaleza. 

Mi padre campesino-agricultor pero amante a la lectura, nos trasmitió esta pasión, gracias a este hábito y al tiempo libre por las noches pude conocer otras realidades e inclusive ciudades, sin jamás haber pisado alguna, hasta los 16 años, que decidí emigrar a otras tierras.

Salí de mi pueblo muy joven pero mi pueblo nunca salió de mí, es por eso que al regresar de mis viajes lo primero que visito es mi pueblo, incluso al salir de prisión, luego de dos años en ésta por razones políticas, mi primera visita fue a mi pueblo natal.

En el trascurso de mi vida adulta siempre sentí orgullo y nostalgia de mis raíces y todo el tiempo me identifiqué como montubio culimbeño.

Durante mi vida profesional realicé varios intentos por organizar colectivos de personas con los intereses de conservar y difundir nuestras raíces (regata fluvial y turística), intento de conformar una asociación de Estudiantes Montubios del Ecuador.

A finales del el 2014 la vida me sorprendió con un giro inesperado, me tocó salir a ser parte de la representación diplomática del Ecuador en Cuba, lugar en el cual no demoré en vincularme con un grupo de montubios y conformamos la Asociación de Estudiantes Montubios en el Exterior.

Cierto día que acudí al aeropuerto de la Habana, Cuba, a recibir a una delegación de ciudadanos ecuatorianos que asistían a un Congreso Internacional, me encontré con un personaje entrado en años y de figura  menuda, con sandalias de misionero, y al entablar conversación le dije que era de un pueblito de Manabí al que quizás no conociera llamado San Isidro, enorme fue mi sorpresa al saber que él, no solo conocía San Isidro, sino que por varios años él había servido a esta parroquia, me contó de los sueños de conformar una organización que preserve, conserve y difunda nuestra identidad y nuestras raíces. Desde esa conversación a orillas del mar Caribe, pedí que me permitieran ser parte de este sueño, y desde entonces doy lo que puedo, aunque reconozco es muy poco lo que  he podio dar.