Experiencia personal de Juan Ramón Etxebarria

Hace veinticinco años

Hace veinticinco años vivía en San Isidro. Eran los años 1990. Recorría todos los caminos. Tenía mucho tiempo para pensar y soñar. Llegaba a todas las casas. Me gustaba la vida natural de San Isidro. Me encantaban esas noches tranquilas en las casas, hablando historias con la gente. Disfrutaba en las reuniones de las comunidades, hablando de mil asuntos con calma y paz. Me identifiqué con esta cultura manabita.

En los ratos libres, recogía algunas de esas historias, las escribía. Empecé a dibujarlas, a pintarlas. Organizamos con la gente encuentros y fiestas basadas en las costumbres ancestrales. Hicimos con los compañeros un buen trabajo de recogida de la cultura manabita.

 

Un sueño con raíces en San Isidro

Fue duro para mí, en el año 1998, despegarme de aquello. Quería dar algunos pasos más en mi vida. En aquella despedida, no descarté el sueño de regresar algún día para dedicarme íntegramente a realizar un proyecto antropológico y de revalorización de la cultura ancestral.

En estos veinte años lejos de San Isidro, he podido cumplir muchas metas. He podido estudiar y cultivar la pintura y todo lo relacionado con el arte, la fotografía, el diseño.

He podido viajar y conocer culturas: África; el mundo indígena brasileño y boliviano y otros países latinoamericanos; la India; pueblos de Europa, etc. Cada contacto profundo con alguna de estas culturas, es para mí una lección profunda de humanidad.

En Baba (Los Ríos) pude entender mucho mejor las raíces de la cultura montubia y dedicarme a sus expresiones artísticas como la danza y la música.

 

Aprendiendo de los grandes sabios: los ancianos

En Kuartango (País Vasco) tuve infinito tiempo, sobre todo, de escuchar a los grandes sabios de la vida, como son los ancianos; juntamente con ellos hicimos una bonita labor de valoración del protagonismo de las personas mayores y, al mismo tiempo, de diálogo y encuentro entre todas las generaciones.

Nunca perdí el contacto con los amigos de San Isidro. Hablando con la gente de San Isidro, fue surgiendo este proyecto, que ahora tenemos entre manos, que creo que es como un sueño colectivo.

Tuve el apoyo de los responsables de la diócesis, tanto de Vitoria como de Manabí. Decía Alejandro Labaka, el obispo de los Huaoranis, los indígenas de la Amazonía ecuatoriana, que en todas las culturas están las Semillas del Verbo, es decir, en cada pueblo están vivas las raíces del evangelio, que el propio pueblo deberá ir desarrollando. Coordinamos el proyecto con los responsables de la Iglesia de Manabí.

 

Un sueño colectivo

Hemos comenzado el proyecto en San Isidro en noviembre de 2017. Nos acercamos a la gente mayor, los escuchamos, nos cuenten sus historias de vida y las grabamos.

Estamos poniendo en valor la cultura ancestral, montubia, manabita, queremos que no se pierda.

Le hemos titulado al proyecto “Promoción de la Cultura Montubia en la Parroquia de San Isidro”. Y nos identificamos como “Raíces y Sueños de San Isidro”.

Algo está naciendo. Nos damos cuenta en todas las comunidades a donde vamos, que hay muchas ideas y propuestas. Estamos socializando y compartiendo nuestros sueños.

En dos años han surgido de la misma gente muchas iniciativas. Hemos creado la Fundación Raíces y Sueños de San Isidro, cuya finalidad es empoderar al pueblo de San Isidro de su propia historia y destino. Tenemos un terreno para hacer el Museo de la Cultura Montubia y un Centro Cultural de San Isidro. Estamos trabajando la agricultura integral, la gastronomía.  Le hemos dado la palabra a los niños, a los jóvenes, a las mujeres. Estamos poniendo en marcha las Escuelas de Arte.

Más de una persona, de dentro y de fuera de San Isidro, nos ha dicho: “Estoy enamorado del proyecto Raíces y Sueños de San Isidro”. Y, así, sentimos que nuestro sueño se fortalece en la alianza con: universidades, instituciones culturales, instituciones políticas, ONGs.

Es un sueño colectivo. Uno le pasa al testigo a otro y el sueño se sigue creciendo.

Quiero pasarle el testigo a: