Darío Mendoza – Pechichal

Para trasladar toda esa mercadería no había transporte de carro, aquí acostumbraba mi padre todos los lunes llevaba arrias que llamaba arrias de mulares, doce, quince mulares cargados de tagua, cacao y higuerilla, café, café cerezo que llaman al café también pergamino despulpado.

También tenía ese sistema de probar a mis hijos cuando iban y me pedían: papi quiero que me regale en ese tiempo 20 sucres, entonces yo así tuviera no les daba los 20 sucres, pero con buenas palabras decía: mi hijo no más tengo 10, para ver qué tal se porta él, para si dándole los 10 se contentaba o no, entonces: ya papi no hay problema, entonces como ellos fueron criados en la humildad no se sentían mal.

 Entonces así se hacía se le creía lo que la partera decía y si le decía va a dar a luz muy bien aquí, se le tenía y ahí daba a luz, a mí me tocó pues la señora que tuvo mi primer hijo, ella sí estuvo con dolores dos días, yo le pregunté a Angelita, le digo: dígame la verdad si es que ella no puede dar a luz o que, no, me dice no se preocupe, déjemela no más a mí y a Dios que no les va a pasar nada.

Ya no es por devoción que vamos a cumplir ese deber de ir todas esas nueve noches a donde ese amigo que se murió, ya no es conveniente porque podemos ir el día que se está velando el cuerpo, ya no van por devoción, ya ahora la gente dice: chuta dan buena comida, ahí otros van por ver la hembra, son enamoraditos, ya va pues mi novia yo también, ahora ya no hay respeto, por último, ya no se vela ni en la casa al difunto ya se lleva a la sala de velación ¿por qué?, por librarse de ese compromiso.

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