Cada hermana tenía que entregarle la cocina con todo cada ocho días

Leticia: Yo me críe en un recinto que se llama el Palmar, recogiendo la palma real, criando muchas gallinas, engordando chanchos…

Entrevistador: Aparte de esa actividad…

 

Leticia: Y aprendiendo mucho de la cocina porque mi madre nos tenía semana de cocinar. Éramos cinco hermanas, cada hermana tenía que entregarle la cocina con sal prieta, lechecita, cada ocho días; el maní tostado, el café tostado; era una costumbre de ella, que eso teníamos que hacer, cada hermana tenía que entregarle la cocina con la comida hecha, el café tostado, la sal prieta, el maní y así, pues, sus costumbres y así nos criamos.     

Entrevistador: ¿Se turnaban para los quehaceres?

Leticia: Cada ocho días entregábamos la cocina. No había peleas, no había nada, ahí todo estaba ordenadito.

Entrevistador: Cuéntenos un poquito de su papá.

Leticia: La costumbre de mi papá era que teníamos que dejar la comida donde estaban trabajando, para la finca. Mi papá se llamaba Pedro Pablo Párraga Bazurto. Él nos acostumbró a trabajar en el campo, yo trabajé mucho con él. Yo trabajaba en el maíz, en el maní, pero con él, como era la más menor, me llevaba, nunca me dejaba y me cargaba a trabajar, yo sabía trabajar un maní y un maíz porque él me cargaba enseñándome, porque era costumbre de llevarme a mí, así me críe yo, con él, ayudándole a trabajar en el trabajo, en la finquita.     

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