“Buenos días, bendito y alabado sea el santísimo sacramento del altar”.

FRySSI,TEM,234 - Angela Alcívar - San Isidro

Angela Alcívar: Entonces, ya, fuimos creciendo, creciendo y desde chiquitos nos van diciendo: “Que cuando vamos ante el abuelito, tienes que aprender a decir: bendito y alabado”; y cuando fue la cosa seria ¡yo no sabía pues!, entonces me enseñaron y se me quedó rapidito. Cuando me levanté de dormir, y ya pues, me dijeron: “¿Y el bendito?”, y me arrodillé juntando las manos para orar, y le dije: “Buenos días, bendito y alabado sea el santísimo sacramento del altar, buenos días abuelito. Buen día, vaya a donde va”.

Entrevistador 1: Cuénteme un poquito de sus padres ¿Cómo eran?

 

Angela Alcívar: Trabajando, trabajando, ellos trabajaban, cogían maíz, me llevaban a trabajar ahí, al machete, a deshierbar maíz, a deshierbar arroz, cogíamos el arroz, lo poníamos a secar y después a pilar en unos bunques, dos macetas, mi mamá una, y yo otra, ahí se pilaban, mi mamá venteaba ese arrocito con el abanico.

Entrevistador 1: Bien numerosa su familia.

Entonces ahí mi papá tuvo otra señora, la tenía a mi mamá y la tenía a ella

Angela Alcívar: Entonces ahí mi papá tuvo otra señora, la tenía a mi mamá y la tenía a ella.

Entrevistador 1: Otro compromiso.

Angela Alcívar: Sí y ella tuvo ocho hijos.

Entrevistador 1: Ah ya, por fuera tuvo ocho hijos más, hermanos que usted tiene.

Angela Alcívar: Sí, ocho hermanos, todo los reconocimos. Nos llevamos bien.

Entrevistador 1: Como hija de familia ¿cuál eran las labores principales que realizaban? Mencionó algunas, pero… que…

Angela Alcívar: Veníamos de Mono en los caballos, pelando palmas hasta las 10 de la noche, porque el día sábado salían de aquí a San Isidro, pero para irse a San Vicente a vender la palma, porque aquí no había quien comprara. Solamente en San Vicente.

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