Benito Loor y Teresa Saldarriaga – San Francisco

FRySSI,TEM,226 - Benito Loor y Teresa Saldarriaga - San Francisco

Trabajábamos con arrias

Nosotros vivíamos en El Relleno, trabajábamos con arrias, cargando en invierno y verano porque anteriormente si llovía, cargando mercadería de San Vicente así a San Isidro. Y sacando de San Isidro: palma real, cacao, tagua, higuerilla, para San Vicente llegando a la playa, a caballo. Yo sí trabajé con el finadito así desde muy tierno, desde muy jovencito.

 Los viejos anteriores eran muy fregados

La historia de la juventud de nosotros, poco. Los viejos anteriores eran muy fregados. No nos dejaban salir, nosotros teníamos, por ejemplo, para la fiesta a San Isidro nos daban 5 sucres. Y teníamos que estar a la hora exacta.

“Venga pues ayude”

Ella estaba arreglando la cama de la señora Roberta que había estado dando a luz ahí en el hospital cuando yo voy y le digo: Eh señorita le ayudo. “Bueno” pues me dijo: “Venga pues ayude”. Oiga y dice ella, ella mismo cuenta ahora, dice que nunca había sentido nunca una impresión. Ahí comenzó el asunto y ahí le dije: ¿Usted es soltera?, “Sí” me dijo.

 Usted con ver la mesa ya se llenaba

Antes eso sí era importantísimo, yo me recuerdo que la Semana Santa, eran unas mesas, pero unas mesas de aquí, usted comía de todo, usted con ver la mesa ya se llenaba. Sí, oiga, pero yo ya no sé de dónde tenía esa mente para preparar tanta comida, bueno, hay veces hasta los vecinos los invitaban para pasar todos juntos.

 Estaban dos niñitos blanquitos de este portecito, los dos estaban paraditos, así juntitos

Era muy húmedo, había uno… unas paredes de barranco de ambos lados y la carretera pasaba acá abajo. Y yo venía en la carretera cuando siento que me tiran del barranco una cosa, como una maleta, bufanda, pum, cayó. Yo miro, le pongo al foco, estaban dos niñitos de blanquito de este portecito blanquitos, los dos estaban paraditos, así juntitos. Dos niños de blanquito. De ahí me vine oiga, le digo que fue el caballo de ahí para acá, le digo que acaso paraba para nada, ese caballo era que yo medio le sostenía, era como loco. Quería llegar a la casa, me acosté a dormir, al otro día le conté a mi mami, le conté al papi, y, bueno, quedó ahí.

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