Ángel Arteaga – Piquigua

(FRySSI,TEM,192) - Ángel Antonio Arteaga Reyes - Piquigua.

Cuando todavía estaba en el mando de mi papá, a los 16 años, 18, yo era el compañero de él para trabajar porque él toda la vida fue jornalero, la vida de él fue jornalear en otro lugar, y donde quiera yo lo acompañaba, íbamos los dos, trabajábamos. Nos tocó una vida muy… muy estricta porque yo hubiese, pues, hay veces nos tocaba llevar una botella de café y dos huevitos para almorzar al mediodía

Él fue un padre normal, él nunca nos castigó. Él fue buen padre. La que era un poco dura era mi mamá. Ella sí nos pegaba; antes castigaban con lata. No tenían una lata de jalar boraza. Nos agarraba con esa lata, trae latajo, pim, pim, pim y revuelca como de raca al mico. Sí… no… antes no tenían, no tenían esos bolleros que decían para faja que pegaran, si no con lo que había le daban a uno, con cabo, soga…

 

Él vivió toda una vida del jornal, en ese tiempo, pues existía el concertaje. Es que la gente, antaña, pues ya le digo, por decirle… yo no tenía trabajo esta semana, yo le decía présteme 20 sucres – en ese tiempo era el sucre – que, voy a trabajar esta semana. Esta semana, dice, no tengo plata, pero yo le traigo las compras, que así eran, la gente antaño. Ya le traían, le traían 30 sucres en comida y le anotaban 40, le anotaban 10 más. En cambio uno en vez de salir, iba era para dentro. Ya. Al fin y al cabo ya, por decir en un año, ya, usted le decía: arrégleme, arreglémoslo patrón, porque yo no sé, usted, hay veces le daba 5 sucres, 10 sucres… y le anotaba ahí en el libro, él, pero lo que uno trabajaba no le anotaban y le anotaban era la mitad. Entonces ahí se crecían esas cuentas

Y, así fracasó mi viejo, ya… se puso viejito y él nunca adquirió nada. Todo lo que él trabajaba era para medio comer, no por comer bien, sino para medio comer, como ahora que estamos ahorita que uno… para medio, medio comer no más.

“Con una horma de esperanza

y dedos de clavellina

va tejiendo su sombrero

la manabita más linda,

qué finas que son las hebras,

tan finas como ella misma,

ay quien fuera Horacio Hidrobo

o el panal de su poesía

para cantarle en aromas

una canción de toquilla,

para cantarle el aroma

una canción de toquilla”.

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