Amable Rodríguez – Piquigua

Estaba la señora Sabina Farias, usted nunca la oyó nombrar, esa señora era una señora curandera, una señora que, en verdad que si componía a la gente, si le picaba una culebra donde la señora Sabina, un dolor donde la señora Sabina, era buena, y usted le decía y abuelita y cuanto me va a cobrar por este niño enfermo… ahí te voy a cobrar unos 20 sucres para que me pagues en unos 3 días y le pagaba 6… 7… y usted le pagaba en 3 días y se iba alegrísimo con su enfermo porque lo componía, en verdad.

Mi madre fue una mujer muy pobrecita, ella tuvo compromisos así con varias personas, le hacían los hijos y se los dejaban y la dejaban y justamente nosotros fuimos unos hermanos, ya, pero así diferentes padres, pero la vida de mi madre fue tan sufrida, se cogía con unos hombres malísimos… la cortaban, le pegaban, no le buscaban la comida y en ese tiempo ya había vagos fíjese.

A mí no me enseñaron a leer, yo medio después hombre fue que medio aprendí, a medio firmar mi nombre porque ya uno la vergüenza, pero yo era un muchacho muy sufrido. Yo llegué de 7 años donde me acabé de criar, que todo un tiempo viví ahí, que fue donde Nery. Pero yo a las 6 de la mañana me levantaba a llenar un tanque de agua, a las 7 más o menos acababa de llenar (porque estaba cerquita el río) un barril y ya de ahí iba a ver las vacas, las sacaba, las dejaba sacadas, ya me desocupaba, corría y me pegaba de último donde estaban trabajando los trabajadores, porque así me hacían hacer pues, o sea digamos me obligaban a trabajar.

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